Autor: Stephane Pauquet


 
 

 

Venezuela, a diferencia del resto de los países amazónicos, fijó sus polos de desarrollo al norte del río Orinoco, lejos de la hylea amazónica, factor que, aunado a la baja densidad de la población ha mantenido en esa región muchas de sus características naturales.


 

 

 

Sin embargo, los ajustes estructurales que se observan en la actualidad en la economía del país hacen temer por el futuro de esas regiones, unas de las últimas zonas de frontera del mundo.

A continuación se presentan las grandes ecoregiones del país, como categorizadas por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (MARN) en su « Primer Informe sobre Biodiversidad », publicado en el 2000. (161)

 

 

  Bosques húmedos

  Bosques secos

  Bosques ribereños 

  Manglares, ciénagas y pantanos

  Bosques de palmas

  Sabanas

  Tepuyes

  Páramos 

 

 

 


 

 

  Bosques húmedos

En general, puede decirse que los bosques húmedos del Sur de Venezuela, habitados por comunidades indígenas esparcidas, se encuentran aún en condiciones relativamente pristinas,  exceptuando la zona de fuerte impacto maderero en el Noreste del estado Bolívar (Reserva Forestal de Imataca). Por otra parte, los bosques húmedos de las vertientes inferiores de las montañas (Los Andes y Cordillera de la Costa) han sufrido severamente el impacto antrópico, llevando en ciertos casos a su casi total sustitución por matorrales o terrenos agrícolas. Los bosques nublados, fuertemente reducidos en su extensión, especialmente en los Andes y en la Cordillera de la Costa, algunos de los cuales han sido protegidos como Parques Nacionales o Monumentos Naturales. Un caso particular se presenta con los extensos bosques húmedos que hasta mediados del presente siglo cubrían las llanuras superhúmedas del sur del Lago de Maracaibo y que han sido casi enteramente deforestados y reemplazados por tierras agropecuarias. Allí se ubicaba uno de los grandes centros de endemismo, el Centro Catatumbo, el cual probablemente ha sido eliminado en su mayor parte.

Además de su estrecha relación con las condiciones climáticas, estos bosques se mantienen sobre suelos muy pobres mediante un sistema basado en las micorhizas que establecen un circuito nutricional corto entre la hojarasca producida por el bosque y las raíces que absorben los nutrientes sin pasar muchas veces por el suelo propiamente dicho.

 

 

  Bosques secos 

Estos bosques, llamados también bosques deciduos y que se encuentran hacia la Costa y en los Llanos, han sido muy explotados desde hace siglos por su gran valor para la industria – como el apamate (Tabebuia rosea), la caoba (Swietenia macrophylla), el cedro (Cedrela sp.), el mijao (Anacardium exelsium), el saquisaqui y el arbol nacional, el araguaney (Tabebuia chrysantha) – y a pesar de tener una capacidad de regeneración bastante elevada su superficie ha sido reducida grandemente en todo el Norte y Centro del país, frente a la ampliación de la frontera agrícola. Se puede decir que han sido menos estudiados que los bosques húmedos y que actualmente son probablemente el tipo de bosque más amenazado de desaparecer en Venezuela.

 

  Bosques ribereños 

El grado de amenaza de los bosques ribereños, o bosques de galería, es grande en muchas regiones centrales del país, donde se asiste a una densificación de los asentamients humanos a lo largo de los ríos. Debido a que casi siempre los bosques ribereños ocupan una posición geomorfológica privilegiada en el paisaje llanero, son también meta constante de colonizadores y de la frontera agrícola, desapareciendo así paulatinamente en algunas regiones y fragmentándose rápidamente en otras.

 

  Manglares, ciénagas y pantanos      

La llanura deltaica encierra una superficie pantanosa de más de 10.000 km2. Estudios recientes parecen indicar que se trata de un ecosistema relativamente resistente a una serie de impactos antrópicos (p.ej. contaminación, eutroficación). Sin embargo, existen también indicios sobre una mortandad de grandes áreas de manglares en ciertos sectores de la Costa Central. Por otra parte, se asiste en muchos casos a una eliminación física de los manglares, para dar lugar a desarrollos industriales, habitacionales o turísticos. En el Delta del Orinoco, expertos alertan sobre los efectos negativos de la alteración de los procesos naturales de sedimentación, de los residuos agrícolas y de los metales pesados vertidos al Orinoco por la minería, cuyos efectos con las actividades petroleras ocasionan sobre la región deltáica graves daños que pueden ser irreversibles. Asimismo, se tema que el embalse de Guri, producto de la segunda más grande represa en el mundo, podría afectar la evolución sedimentaria del delta a mediano y largo plazo.

 

 

 

  Bosques de palmas 

Debido a su difícil acceso, los variados bosques de palmas del Sur del país se encuentran poco amenazados ; no así ciertos palmares del centro, del oriente y del delta, donde la expansión de la frontera agrícola, la instalacion de industrias petroleras y la densificación de los asentamientos humanos han llevado a la fragmentación y reducción significativa de las superficies ocupadas por los ecosistemas de morichal, sobre cuya vulnerabilidad y resistencia sólo existen estudios muy escasos y puntuales.

 

  Sabanas

En Venezuela, el término de sabana inundable o mal drenada, se contrapone al de sabanas altas bien drenadas llamadas de Trachypogon. Las mal drenadas comprenden dos grandes tipos de sabanas : las anegadizas, es decir, sabanas de drenaje dificultoso, malo en general, por poseer suelos poco permeables y escasa pendiente (menos de 0,02 %) que se inundan por el represamiento natural de los ríos Apure y Orinoco, haciendo que las aguas de lluvia inunden el llano bajo al inicio del período de lluvias (junio-julio). Se caracterizan por un anegamiento de tipo pluvial, éstas son las sabanas llamadas de banco, bajío y estero, las cuales constituyen un extraordinario reservorio de agua dulce en relativamente buen estado de conservación.

 

La Gran Sabana

 

 

  Tepuyes 

Se denomina tepuy a un tipo particular de macizo montañoso, de paredes verticales y cumbres aplanadas, formado por rocas ígneas, sobre cuyas laderas y cumbres se desarrolla un ecosistema constituido por comunidades vegetales y animales altamente diversificados y endémicas, únicas en la tierra, que sólo existen en el Escudo Guayanés, el cual se extiende desde Guyana Francesa hasta Colombia. Venezuela cuenta con 34 tepuyes en el estado Bolívar y 20 en el Amazonas.

Protección legal de los tepuyes

 

 

A pesar del poco conocimiento que se tiene sobre la diversidad y biología de las especies nativas de los tepuyes, se estima que la flora tepuyana cuenta con aproximadamente 3.000 especies, de las cuales una gran proporción es endémica, hasta el punto de ser la única región en el país con dos familias de plantas endémicas, las Tepinantheceae y Saccipoliaceae. De acuerdo con la cobertura vegetal predominante se pueden considerar 4 categorías de cumbres tepuyanas : las rocosas, las boscosas, las herbáceas y las mixtas. Debido a la estrecha interrelación que existe entre las plantas y los aves, la avifauna ejerce un papel ecológico muy importante en el funcionamiento de los ecosistemas tepuyanos, que por otro lado se encuentran entre los ecosistemas más frágiles del planeta. (161)

 

 

  Páramos 

En el país, los páramos se encuentran en la región andina por encima de los 3.000 a 3.500 msnm. Son formaciones de alta montaña tropical caracterizadas por ciertos rasgos climáticos y características ecológicas propias, geomorfológicas y microclimáticas especiales, se presentan como una formación discontinua sobre las altas cumbres, constituyendo lo que se ha llamado como un « archipiélago biológico ». La característica climática resaltante, sin duda, lo constituye el régimen isotérmico tropical, que impone una variación de tipo diurno en el cual las variaciones diarias de temperatura son mucho más amplias que la variación a lo largo del año ; otras características son las de microtermia, humedad, bajas presiones y alta radiación. Las condiciones climáticas señaladas determinan la presencia de los elementos florísticos dominantes, originando características biotipológicas, fisionómicas y taxonómicas específicas del páramo, cuyo elemento más conspicuo es el frailejón (Espeletias).

 

 

 

 

 

 

 

 

El diagnóstico del estado de conservación de la fauna silvestre en Venezuela se ve dificultado por los pocos estudios que se han realizado, estando en muchos casos limitados a inventarios cualitativos básicos o a datos aislados y asociados a unas pocas localidades reservadas a los expertos.

 

 

Factores de degradación de las varias ecoregiones