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Venezuela,
a diferencia del resto de los países amazónicos,
fijó sus polos de desarrollo al norte del río
Orinoco, lejos de la hylea amazónica, factor que,
aunado a la baja densidad de la población ha mantenido
en esa región muchas de sus características naturales.
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Sin
embargo, los ajustes estructurales que se observan
en la actualidad en la economía del país hacen temer
por el futuro de esas regiones, unas de las últimas
zonas de frontera del mundo.
A
continuación
se presentan las grandes ecoregiones del país, como
categorizadas por el Ministerio del Ambiente y de
los Recursos Naturales (MARN) en su « Primer
Informe sobre Biodiversidad », publicado en el
2000. (161)
Bosques
húmedos
Bosques
secos
Bosques
ribereños
Manglares,
ciénagas y pantanos
Bosques
de palmas
Tepuyes
Páramos
Bosques
húmedos
En
general, puede decirse que los bosques húmedos del
Sur de Venezuela, habitados por comunidades
indígenas
esparcidas, se encuentran aún en condiciones relativamente
pristinas, exceptuando
la zona de fuerte impacto maderero en el Noreste del
estado Bolívar (Reserva
Forestal de Imataca). Por otra parte, los bosques
húmedos de las vertientes inferiores de las montañas
(Los Andes y Cordillera de la Costa) han sufrido
severamente el impacto antrópico, llevando en ciertos
casos a su casi total sustitución por matorrales o
terrenos agrícolas. Los bosques nublados, fuertemente
reducidos en su extensión, especialmente en los Andes
y en la Cordillera de la Costa, algunos de los cuales
han sido protegidos como Parques Nacionales o Monumentos
Naturales. Un caso particular
se presenta con los extensos bosques húmedos que hasta
mediados del presente siglo cubrían las llanuras superhúmedas
del sur del Lago de Maracaibo y que han sido casi
enteramente deforestados y reemplazados por tierras
agropecuarias. Allí se ubicaba uno de los grandes
centros de endemismo, el Centro Catatumbo, el cual
probablemente ha sido eliminado en su mayor parte.
Además
de su estrecha relación con las condiciones climáticas,
estos bosques se mantienen sobre suelos muy pobres
mediante un sistema basado en las micorhizas que establecen
un circuito nutricional corto entre la hojarasca producida
por el bosque y las raíces que absorben los nutrientes
sin pasar muchas veces por el suelo propiamente dicho.
Bosques
secos
Estos
bosques, llamados también bosques
deciduos y que se encuentran hacia la Costa y
en los Llanos,
han sido muy explotados desde hace siglos por
su gran valor para la industria – como el apamate
(Tabebuia
rosea), la caoba (Swietenia macrophylla),
el cedro (Cedrela sp.), el mijao (Anacardium
exelsium), el saquisaqui
y el
arbol nacional, el araguaney (Tabebuia chrysantha)
– y
a pesar de tener una capacidad de regeneración bastante
elevada su superficie ha sido reducida grandemente
en todo el Norte y Centro del país, frente a la ampliación
de la frontera agrícola. Se puede decir que han sido
menos estudiados que los bosques húmedos y que actualmente
son probablemente el tipo de bosque más amenazado
de desaparecer en Venezuela.
Bosques
ribereños
El
grado de amenaza de los bosques ribereños, o bosques
de galería, es grande en muchas regiones centrales
del país, donde se asiste a una densificación de los
asentamients humanos a lo largo de los ríos. Debido
a que casi siempre los bosques ribereños ocupan una
posición geomorfológica privilegiada en el paisaje
llanero, son también meta constante de colonizadores
y de la frontera agrícola, desapareciendo así paulatinamente
en algunas regiones y fragmentándose rápidamente en
otras.
Manglares,
ciénagas y pantanos
La
llanura deltaica encierra una superficie pantanosa
de más de 10.000 km2.
Estudios
recientes parecen indicar que se trata de un ecosistema
relativamente resistente a una serie de impactos antrópicos
(p.ej. contaminación, eutroficación). Sin
embargo, existen también indicios sobre una mortandad
de grandes
áreas de manglares en ciertos sectores de la Costa
Central. Por otra parte, se asiste en muchos casos
a
una eliminación física de los manglares, para dar
lugar a desarrollos industriales, habitacionales o
turísticos. En el Delta del Orinoco, expertos alertan
sobre los efectos negativos de la alteración de los
procesos naturales de sedimentación, de los residuos
agrícolas y de los metales pesados vertidos al Orinoco
por la minería, cuyos efectos con las actividades
petroleras ocasionan sobre la región deltáica graves
daños que pueden ser irreversibles. Asimismo, se tema
que el embalse de Guri,
producto de la segunda más grande represa en el mundo,
podría afectar la evolución sedimentaria del delta
a mediano y largo plazo.
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Bosques
de palmas
Debido
a su difícil acceso, los variados bosques de palmas
del Sur del país se encuentran poco amenazados ;
no así ciertos palmares del
centro, del oriente y del delta, donde la expansión
de la frontera agrícola, la instalacion de industrias
petroleras y la densificación de los asentamientos
humanos han llevado a la fragmentación y reducción
significativa de las superficies ocupadas por los
ecosistemas de morichal,
sobre cuya vulnerabilidad y resistencia sólo existen
estudios muy escasos y puntuales.
Sabanas
En
Venezuela, el término de sabana
inundable o mal drenada, se contrapone al de sabanas
altas bien drenadas llamadas
de Trachypogon. Las mal drenadas comprenden
dos grandes tipos de sabanas : las anegadizas,
es decir, sabanas de drenaje dificultoso, malo en
general, por poseer suelos poco permeables y escasa
pendiente (menos de 0,02 %) que se inundan por el
represamiento natural de los ríos Apure y Orinoco,
haciendo que las aguas de lluvia inunden el llano
bajo al inicio del período de lluvias (junio-julio).
Se caracterizan por un anegamiento de tipo pluvial,
éstas son las sabanas llamadas de banco, bajío y estero,
las cuales constituyen un extraordinario reservorio
de agua dulce en relativamente buen estado de conservación.
Tepuyes
Se
denomina tepuy
a un tipo particular de macizo montañoso, de paredes
verticales y cumbres aplanadas, formado por rocas
ígneas, sobre cuyas laderas y cumbres se desarrolla
un ecosistema constituido por comunidades vegetales
y animales altamente diversificados y endémicas, únicas
en la tierra, que sólo existen en el Escudo
Guayanés, el cual se extiende desde Guyana Francesa
hasta Colombia. Venezuela cuenta con 34 tepuyes en
el estado Bolívar y 20 en el Amazonas.

A
pesar del poco conocimiento que se tiene sobre la
diversidad y biología de las especies nativas de los
tepuyes,
se estima que la flora tepuyana cuenta con aproximadamente
3.000 especies, de las cuales una gran proporción
es endémica, hasta el punto de ser la única región
en el país con dos familias de plantas endémicas,
las Tepinantheceae y Saccipoliaceae.
De acuerdo con la cobertura vegetal predominante se
pueden considerar 4 categorías de cumbres tepuyanas :
las rocosas, las boscosas, las herbáceas y las mixtas.
Debido
a la estrecha interrelación que existe entre las plantas
y los aves, la avifauna ejerce un papel ecológico
muy importante en el funcionamiento de los ecosistemas
tepuyanos, que por otro lado se encuentran entre los
ecosistemas más frágiles del planeta.
(161)
Páramos
En
el país, los páramos
se encuentran en la región andina por encima de los
3.000 a 3.500 msnm. Son formaciones de alta montaña
tropical caracterizadas por ciertos rasgos climáticos
y características ecológicas propias, geomorfológicas
y microclimáticas especiales, se presentan como una
formación discontinua sobre las altas cumbres, constituyendo
lo que se ha llamado como un « archipiélago biológico ».
La
característica climática resaltante, sin duda, lo
constituye el régimen isotérmico tropical, que impone
una variación de tipo diurno en el cual las variaciones
diarias de temperatura son mucho más amplias que la
variación a lo largo del año ; otras características
son las de microtermia, humedad, bajas presiones y
alta radiación. Las condiciones climáticas señaladas
determinan la presencia de los elementos florísticos
dominantes, originando características biotipológicas,
fisionómicas y taxonómicas específicas del páramo,
cuyo elemento más conspicuo es el frailejón (Espeletias).
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El
diagnóstico del estado de conservación de la
fauna silvestre en Venezuela se ve dificultado
por los pocos estudios que se han realizado,
estando en muchos casos limitados a inventarios
cualitativos básicos o a datos aislados y asociados
a unas pocas localidades reservadas a los expertos.
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