Antecedentes
Importantes
avances de las investigaciones en ecología sobre el llamado
« efecto isla » han comprobado el gradual empobrecimiento
de la biodiversidad de un área natural, por extinción
concatenada de especies, cuando esa área queda aislada
en medio de un ambiente alterado (como puede ser por colonización
agrícola de las tierras circundantes).
De
ahí se ha deducido la importancia de evitar el aislamiento
de áreas protegidas actuales y futuras, planificándolas
en forma de sistemas integrados : conjuntos de áreas
protegidas de categorías diferentes, de las cuales las
estrictas estén rodeadas de otras no excluyentes de las
actividades rurales, que operen
como zonas de amortiguación
y corredores ecológicos de y entre las primeras ;
todo ello en extensiones significativas de terreno.
El
modelo de las Reservas de Biósfera es quizá
el más acabado en ese sentido, al construir,
en una misma unidad territorial, zonas núcleo y zonas
de amortiguación
(éstas en torno de aquéllas para la atenuación de impactos
externos), poniendo
énfasis, en el conjunto, en tres tipos de actividades :
Conservación,
Investigación y Uso Sustentable de recursos.
(11)
1.
El Programa MAB
3.
Tendencias en la implementación de Reservas
de Biósfera en América Latina
4.
Diagnóstico de la experiencia con Reservas
de Biósfera en la región
5.
Recomendaciones
1.
El Programa MAB

A
partir de la Conferencia
sobre la « Conservación y el Uso Racional de los
Recursos de la Biósfera » en 1968 y el posterior
desarrollo del Programa
del Hombre y la Biósfera (Man and the Biosphere –
MAB) de la UNESCO
en 1971, se inició un programa mundial de cooperación
científica internacional relacionado con las interacciones
entre los seres humanos y el medio ambiente en todas las
situaciones geográficas y bioclimáticas de la biósfera.
En
el año de su creación el programa MAB introdujo el concepto
de Reserva de Biósfera, formando parte de una red
mundial de zonas naturales protegidas. Se considera que
estas áreas son de interés debido « a la función
que pueden desempeñar para satisfacer las necesidades
científicas, económicas, educativas, culturales y recreativas ».
Dentro
de este concepto se menciona que estas zonas son insustituibles
para el estudio de ecosistemas de distintos tipos y que
constituyen puntos de referencia o patrones con respecto
a los cuales pueden evaluarse el cambio y el funcionamiento
de otros ecosistemas. También se reconoce su valor para
realizar estudios sobre la relación entre el efecto de
las actividades productivas humanas y el ambiente.
Origen
de las Reservas de Biósfera
Puede
ser que este concepto relativamente indefinido haya contribuido
a que la primera Reserva de Biósfera no se estableciera
hasta 1976, 8 años después de la firma del Convenio. En
septiembre del 2001 94 países habían adoptado este concepto
y más de 411 áreas protegidas habían sido incorporadas
en esta categoría. En América Latina y el Caribe existen
actualmente 68 Reservas de Biósfera, distribuidas en 18
países.


Pero
no es hasta 1979 que el concepto de Reserva de Biósfera
enfatiza el valor de incorporar las necesidades y percepciones
de las comunidades aledañas
en el establecimiento y manejo de reservas. El modelo
de Reserva de Biósfera se describió entonces como un área
núcleo protegida y rodeada por una zona de amortigu
ación
donde se desarrollan actividades compatibles con el área
núcleo, tales como ciertos tipos de investigación, educación,
entrenamiento, recreación y turismo. En versiones recientes
del modelo, la zona
de amortiguación y el área de transición han sido
renombrados como zona de amortiguación interior y exterior,
respectivamente, aunque sus funciones no han sido alteradas.
En general, poca atención se ha dado a promover acciones
en las zonas de amortiguación.
Además,
la mayoría de estas Reservas han sido creadas a partir
de Parques Nacionales u otras áreas protegidas ya existentes ;
esto hizo que inicialmente se pensase que el término Reserva
de Biósfera era una nueva clasificación sin mayor tracendencia.
Con el transcurso del tiempo, el concepto ha madurado
y evolucionado y hoy en día existen Reservas de Biósfera
que incluyen áreas núcleo, zonas de amortiguación, e incluso
áreas agrícolas. Generalmente, los parques nacionales
constituyen áreas núcleo de reservas más grandes, lo que
implica una gran diversidad en los enfoques de manejo
usados.
Las
Reservas de Biósfera fueron concebidas, por tanto, como
una importante innovación en el manejo de los recursos
naturales, proporcionando una estructura capaz de relacionar
el manejo directamente con las necesidades de la comunidad.
Su propósito más importante es fomentar una relación equilibrada
entre la población y su entorno natural y así satisfacer
las necesidades humanas mediante la promoción del desarrollo
ecológicamente sostenible. (96)
A
partir de la Conferencia Internacional de Sevilla sobre
Reservas de Biósfera, en marzo de 1995, dos documentos
sirven de referencia para las Reservas :
la Estrategia
de Sevilla
el Marco
Estatutario de la Red Mundial de Reservas de Biosfera
2.
Singularidades de las Reservas de Biósfera
El
rasgo que distingue el sistema de Reservas de Biósfera
de todos los demás
tipos de zonas protegidas es el énfasis en la combinación
de múltiples funciones dentro de un marco conceptual único,
vinculando lugares particulares mediante una red internacional.
A esta idea se añade el principio de que la población
local debe desempeñar una función constructiva y no quedar
excluida del manejo de la unidad. La importancia de la
integración del objetivo de conservación de la naturaleza
con los intereses de los habitantes de las Reservas o
de las zonas contiguas es uno de los rasgos distintivos
del concepto de Reserva de Biósfera.
La
característica de las Reservas de Biósfera en relación
con otras áreas protegidas es la combinación sinérgica
y la armonización de las 3 funciones que desde un comienzo
fueron inherentes al concepto de Reserva de Biósfera :
la conservación de recursos genéticos y ecosistemas ;
la
función logística respecto de una red internacional de
zonas directamente relacionadas con las actividades del
MAB en materias de investigación y vigilancia, incluyendo
la formación y el intercambio de información correspondientes ;
y
la
gestión para asociar concretamente el medio y el desarrollo
a las actividades de investigación y educación del Programa
MAB.
En
este nuevo enfoque se trata nada menos que de compatibilizar
los diferentes intereses que tienen impacto sobre el área.
Aunque este enfoque múltiple aún no tiene un status legal
en la mayoría de los países, muchas Reservas ya han adelantado
bastante con mecanismos informales basados en la buena
voluntad, la participación y el interés mutuo. No obstante,
en el manejo de las Reservas de Biósfera se plantea el
problema de encontrar una manera de manejar sus áreas
de tal modo que les permita desempeñar sus múltiples funciones
en forma apropiada.
3.
Evolución y tendencias en la implementación de Reservas
de Biósfera en América Latina
A
nivel internacional, se aprecia que la participación numérica
de América Latina en la Red
Mundial de Reservas de Biósfera, con menos del 20
% del total, es numéricamente reducida en relación con
otras regiones, especialmente aquellas que reúnen a los
países desarrollados, donde el proceso de implementación
de Reservas de Biósfera presenta características propias
y diferentes.
El
proceso de implementación de Reservas de Biósfera en América
Latina ha mostrado una evolución, que en sus etapas tempranas,
puede interpretarse en base a dos hipótesis fundamentales
:
en su mayoría, las primeras designaciones correspondieron
a un estadio temprano de la evolución del concepto de
Reserva de Biósfera, menos preciso que el actual ;
esas Reservas de Biósfera fueron designadas
priorizando el rol de conservación como eje primordial
de selección. Este criterio fue modificado posteriormente.
Las
primeras Reservas de Biósfera estaban más que nada dedicadas
a la conservación de la biodiversidad y eran muchas veces
una etiqueta para áreas ya protegidas donde se estaba
llevando a cabo alguna investigación. Las Reservas de
Biósfera actuales reconocen cada vez más las múltiples
funciones que desempeñan, al combinar la conservación
de la biodiversidad con la investigación ecológica y diversos
tipos compatibles de actividades relacionadas con el desarrollo
sostenible.
(96)
Si
bien la tendencia en la centralización de la gestión de
la mayoría de las Reservas de Biósfera ha limitado el
surgimiento de administraciones participativas, que agrupen
a los actores y sectores interesados, en muchos casos
la figura de Reserva de Biósfera es percibida como “deseable”
o apropiada frente a la problemática ambiental presente,
apareciendo como depositaria de expectativas positivas.
(80)
Tendencias
en los organismos de gestión de las Reservas de Biósfera
4.
Diagnóstico de la experiencia con Reservas de Biósfera
en la región
Durante
los últimos años se han recogido en América Latina diversas
experiencias en la planificación y el manejo de las Reservas
de Biósfera, que en algunos países de ellas no ha sido
tan positivas. Desafortunadamente la experiencia de los
diferentes países no siempre se divulga y, por lo tanto,
los conocimientos no están siendo transferidos.
Sin
embargo, el taller sobre “Manejo de Reservas de la Biósfera
en América Latina”, realizado en 1994 en Santiago de Chile
(96),
compiló en un mismo documento los testimonios de expertos
y profesionales de más de 15 países y sus respectivos
informes nacionales, cuales conclusiones generales se
presentan a continuación :

La Reserva de Biósfera constituye una categoría
de conservación muy adecuada a la realidad latinoamericana
en la medida que busca conciliar el desarrollo y la protección
haciendo compatibles acciones de producción en las zonas
de amortiguación y transición, aplicando medidas de
protección en las zonas núcleo, y buscando proteger la
diversidad biológica y genética del área. Todo esto es
concordante con el concepto
de desarrollo sostenible, que incluye generar alternativas
para las comunidades locales
y actores regionales, que son los que definirán la posibilidad
efectiva de conservar ecosistemas y especies representativas
de la riqueza natural.
Las Reservas de Biósfera, al integrar sus áreas
aledañas a los programas de manejo y administración, superan
la concepción de las áreas
protegidas en sentido estricto (reservas naturales,
parques nacionales, etc.), generando procesos sociales
y naturales que garantizan su existencia como tales y
superando también la visión aislante de la preservación,
que a largo plazo tiene pocas posibilidades de éxito.
En términos generales se debe expresar la inexistencia
de estrategias específicas y planes nacionales para las
Reservas de Biósfera en los países latinoamericanos analizados.
Una posible causa para ello es que la estrategia
general
para el establecimiento y desarrollo de estas unidades
ha estado normalmente asociada al desarrollo de otras
categorías de manejo, particularmente Parques Nacionales
y Reservas Forestales o nacionales.
Sin embargo, se registran diversos logros en relación
a la gestión y la administración de las Reservas de Biósfera
en la región. Entre éstas destacan el incremento paulatino
de terrenos clasificados bajo dicha categoría, el impacto
de las Reservas en frenar el uso descontrolado de los
recursos, la importancia que han tenido estas áreas en
conservar la biodiversidad, así como el incentivar la
investigación científica y apoyar el desarrollo de las
comunidades locales.
Aunque en general la coordinación interinstitucional
e intersectorial ha sido insuficiente y poco exitosa,
algunos avances, aunque lentos, se han logrado en el mejoramiento
de las relaciones interinstitucionales, en la incorporación
de centros de investigación científica, en la incorporación
paulatina de las comunidades en el proceso de toma de
decisión y en las relaciones nacionales e internacionales
a través de seminarios y talleres.
No obstante, existe un conjunto de deficiencias
que están limitando el adecuado manejo de las Reservas.
Entre éstas debe destacarse la mayor preocupación que
han recibido las zonas núcleos, representadas en la mayoría
de los casos por parques nacionales, que tienen planes
de manejo y programas independientes a su condición
de parte integrante de una Reserva de Biósfera, lo cual
va en desmedro de las zonas de amortiguación y de transición.

Lo anterior puede deberse a que en muchos países
existe un apreciable nivel de intervención en las áreas
núcleo. Ello es el resultado de presiones por el uso de
recursos, dado el constante aumento de las poblaciones
en condiciones crecientes
de pobreza, circundantes tanto a las áreas de amortiguación
como a las áreas núcleo.
Consecuentemente, existen dificultades para compatibilizar
los procesos de desarrollo regional con los intereses
locales de las poblaciones asentadas en las Reservas de
Biósfera. Esta situación ha determinado contradicciones
en lo relativo a regímenes de administración y aprovechamiento
de los recursos naturales.
Además, se percibe una fuerte y creciente presión
internacional por el uso de los recursos naturales, lo
cual se ve estimulado por las contradicciones y debilidades
institucionales y jurídicas del aparato gubernamental.
Esto, unido a un acelerado crecimiento de la actividad
turística, poco controlada y desorganizada, está introduciendo
altos riesgos de deterioro de los recursos culturales
y naturales, y no está generando los ingresos económicos
que puedan invertirse para el mantenimiento y manejo de
las Reservas.
Adicionalmente, no se conocen las capacidades de
carga de las áreas turísticas para su manejo, se carece
de información básica necesaria para sustentar la gestión
y la administración de las Reservas y son escasas las
exigencias concertadas y exitosas sobre su manejo y desarrollo.
A lo anterior debe agregarse la escasez de esfuerzos para
recuperar los conocimientos de tecnologías propias de
los grupos nativos.
La Reserva de Biósfera, con apropiados planes de
manejo y monitoreo, es uno de los
tipos de áreas protegidas que más efectivamente logra
relacionar la conservación y el uso sostenible de los
recursos (incluyendo los aspectos del desarrollo de investigaciones
científicas) para la búsqueda de soluciones alternativas
hacia un mejor aprovechamiento de los recursos naturales
y así poder brindar soluciones socio-económicas nuevas.
No obstante, existen escasos ejemplos de unidades que
posean planes de manejo integrados y muy pocas Reservas
poseen la información adecuada para formular dichos planes.
La participación
de la comunidad local en la gestión y el manejo de
las Reservas de Biósfera, en general, ha sido sumamente
dispar, por lo que existe en el manejo de las Reservas
de Biósfera, como una forma de asegurar su aceptación
por parte de la comunidad. Si bien en algunos países han
ocurrido experiencias positivas, es necesario evaluar
la efectividad de esta participación.
En
los pocos casos en que la Reserva de Biósfera ha tenido
un cierto grado de operación, el factor decisivo para
el avance ha sido el esfuerzo y la cooperación entre los
organismos y los grupos de trabajo nacionales.
En la mayoría de los casos se ha comprobado que
en mayor o menor grado las ONGs
han participado en el manejo y la gestión de las Reservas
de Biósfera. Esta participación ha sido positiva y beneficiosa,
aunque en ciertos casos ha ocasionado conflictos, por
falta de una adecuada identificación de los roles institucionales
y de una planificación y concertación deseables. A pesar
de ello, las ONGs expresan un serie de intereses favorables
para el éxito de las Reservas de Biósfera : investigación,
educación ambiental, extensión, promoción comunal, y otros.
El grado de apoyo político que reciben las Reservas
de Biósfera no es todavía el más adecuado y el deseable,
lo que se explica en parte por el poco conocimiento que
se tiene de estas áreas. A su vez, este bajo apoyo político
explica el poco desarrollo que han alcanzado las Reservas
de Biósfera.
Lo anterior puede deberse a que la idea de aplicar
el concepto de Reserva de Biósfera no ha surgido como
una decisión promovida desde los más altos niveles políticos
de cada nación, sino más bien ha tenido su orígen en sectores
académicos o en los niveles medios de la administración
de cada Estado. Es más, en la mayoría de los casos, el
uso del concepto de Reserva de Biósfera no cuenta con
un respaldo en los más altos niveles de decisión de cada
gobierno.
No obstante, dentro del marco general del concepto
de Reserva de Biósfera propuesto por la UNESCO,
que ha sido aceptado y respetado por todos los países
de la Región, se han desarrollado diferentes políticas
nacionales implícitas o explícitas, dependiendo de las
particularidades ecológicas, legales, demográficas, políticas
y administrativas de cada país.
En algunos casos, la Reserva de Biósfera ha permitido
llenar un vacío, en orden a proveer una alternativa de
manejo flexible, que permite integrar las acciones de
grupos humanos, cuya subsistencia está total o parcialmente
ligada a la extracción de recursos naturales, con las
necesidades y aspiraciones de la sociedad en general,
proporcionando servicios tales como la investigación y
la educación.
En otros casos el concepto de Reserva de Biósfera
ha sido empleado para fortalecer, mediante un respaldo
internacional, a diversas áreas protegidas establecidas
de acuerdo a la legislación
nacional existente. Este concepto también es utilizado
para englobar en un solo todo a unidades pertenecientes
a distintas categorías de manejo, o que han sido establecidas
y son administradas por distintas instituciones o niveles
jerárquicos de los gobiernos.
A pesar de la existencia de políticas flexibles
en torno a las Reservas, que ha permitido su adaptación
a realidades locales heterogéneas, en muchos casos la
carencia de una definición clara de estas políticas es
una fuente de debilidad para las unidades catalogadas
como Reservas de Biósfera. Ello indica que el apoyo político
es fundamental para el éxito de las Reservas de Biósfera,
y alcanzarlo es una meta prioritaria.
Unido a lo anterior, no existe una legislación
específica ni reglamentación en la mayoría de los países,
que permita cumplir en forma ágil y eficaz los objetivos
de estas unidades. La mayoría de los países sólo cuentan
con respaldo legal para el establecimiento de las Reservas
de Biósfera y para definir los objetivos globales que
persiguen estas áreas protegidas.

Junto a las conocidas limitantes financieras y de recursos
humanos, de políticas contradictorias en materias de conservación,
e incluso limitantes en la uniformidad de conceptos y
en el apoyo gubernamental, existen fuertes restricciones
ligadas al factor tenencia
de la tierra, que impiden implementar planes de manejo
y desarrollo.
En la mayoría de los países no se han atendido
suficientemente los mecanismos de negociación de proyectos,
ni el acercamiento a las fuentes
de financiamiento, especialmente en relación al medio
ambiente y la conservación de recursos naturales. Si bien
existe financiamiento para acciones dentro de las Reservas
de Biósfera, es absolutamente insuficiente y desequilibradamente
distribuido entre los países.
Los mecanismos y términos desarrollados por agencias
e instituciones de financiamiento no son los más apropiados
para la realidad de los países latinoamericanos, por lo
que su acceso a ellos es lento y dificultoso. Existe escasa
relación entre la oferta de financiamiento de los organismos
internacionales con la capacidad y necesidades de los
países involucrados. Al considerarse las opciones de financiamiento,
las Reservas de Biósfera deben ocupar un lugar prioritario.
Existe escaso conocimiento respecto a los objetivos
generales de manejo y conservación de las Reservas de
Biósfera. Esto se aprecia en distintos niveles en las
comunidades locales, en los funcionarios de las instituciones
encargadas de las áreas protegidas y en funcionarios de
sectores vinculados a la problemática del manejo de estas
unidades. En este sentido, existe poca información disponible
de la real magnitud del problema de capacitación.
En la mayoría de las experiencias expuestas,
las Reservas de Biósfera están relacionadas a las áreas
naturales protegidas tradicionales y casi siempre
indebidamente equipadas e implementadas.
En la mayoría de los casos expuestos, los Comités
Nacionales MAB no han alcanzado un funcionamiento
satisfactorio. En muy pocos casos existen Sub-comités
MAB para Reservas de Biósfera que han tenido experiencias
positivas.
En diversos casos se han presentado acciones de
cooperación
internacional, aún cuando han estado preferentemente
orientadas a la planificación y el estudio de aspectos
específicos. (96)

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