Autor: Stephane Pauquet


 
 

1. Situación actual

2. Necesidad de una política forestal

3. Contexto legal

4. Elementos de diagnóstico

5. De árboles y de aves

6. Conclusiones

 

 


 

 

1. Situación actual

 

Los bosques de Chile cubren 15.647.894 has, lo que representa el 20,8 % del territorio nacional (64), habiéndose reconocido 46% de los suelos del país con evidente vocación forestal (68). De estas 34 millones de hectáreas de aptitud exclusivamente forestal, aproximadamente un cuarto de esta superficie corresponde a áreas susceptibles de ser manejadas para la producción de maderas o sus derivados. (55)

En los últimos 15 años Chile ha experimentado un fuerte crecimiento del sector forestal, que se traduce en aproximadamente 2 millones de hectáreas de plantaciones de especies exóticas y una superficie creciente de bosques nativos sometidos a diversos tipos de intervención, y basado principalmente en el incremento de la tasa de plantación, hecho que se explica por los incentivos estatales a la forestación. La industria forestal chilena, con un avance tecnológico al nivel de los países desarollados (68), juega en la actualidad un papel de gran relevancia en la economía nacional, llegando a ser la tercer fuente de ingresos y aportando más de 10 % de las divisas que ingresan anualmente al país. (91) 

Sin embargo, el desarrollo forestal del país se ha concentrado especialmente en el segmento de empresas forestales y grandes propietarios, mientras que sólo el 4 % de las plantaciones ha sido llevado a cabo por pequeños propietarios mediante el uso del subsidio a la forestación. Los sistemas de plantación, así como los esquemas de manejo existentes, se ajustan por lo tanto a plantaciones masivas de pino (Pino radiata) y eucalyptus (Eucalyptus globulus) orientadas a la producción a gran escala. Por consiguiente, si bien es cierto que este crecimiento ha llevado al sector de un estado de incertidumbre y de poca relevancia en la economía a ser una de las industrias dominantes del país, este modelo es inadecuado a las necesidades y/o posibilidades del importante sector campesino (138), y se cuenta aún con una importante cantidad de terrenos – más de 3 millones de hectáreas – en vías de degradación y con marcados índices de marginalidad productiva. (125)

 

El país todavía no cuenta con una política forestal del Estado que explicite los objetivos de desarrollo para el conjunto de las actividades en forma coherente. Hasta ahora, se ha llegado a formular propuestas de este tipo que no se logró implementar. Así, sólo las actividades consideradas coyunturalmente prioritarias, han contado con instrumentos concretos de política (fomento a las exportaciones, en el ámbito de políticas globales, y fomento a la reforestación en el ámbito de políticas sectoriales). (68)

Sin embargo se registra mejoras en el ámbito de la certificación forestal (archivo PDF) y de la evaluación de impactos de las actividades forestales.

 

 

2. Necesidad de una política forestal

 

 

3. Contexto legal

 

El desarrollo forestal del país ha estado sustentado básicamente en 2 cuerpos legales : la Ley de Bosques del año 1925, modificada en 1931, y el Decreto Ley de Fomento Forestal de 1974, el primero con un incipiente componente proteccionista del bosque nativo y de fomento a la forestación y el segundo centrado básicamente en el fomento y manejo de las plantaciones forestales. (125)

Entre otras medidas, la Ley de Bosques, aún vigente, reguló la corta de bosques nativos en áreas de protección y el uso del fuego en terrenos de aptitud preferentemente forestal. La Ley de Fomento Forestal impulsó fuertemente el proceso de forestación en el país y reguló la corta o aprovechamiento obligando a reforestar una superficie igual, a lo menos, a la cortada o explotada conforme a un plan de manejo previamente aprobado por la administración forestal.

A estos dos textos de jerarquía legal deben sumarse algunos instrumentos internacionales, referidos a la protección y comercio de la flora y la fauna y sobre conservación de la diversidad biológica, y una profusa regulación reglamentaria de protección de especies y áreas silvestres protegidas.  

 

 

En 1994, después de más de 20 años de la Conferencia de las Naciones Unidas para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural (Paris, 1972), y en respuesta a la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo (Rio, 1992) y a la fuerte presión de la comunidad internacional, se aprobó en Chile, con el carácter de “Ley Marco”, la Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente que vino a legislar a nivel nacional, entre otros, el sector forestal.

El moderno desarrollo de la legislación forestal se caracteriza por la creación de diversos instrumentos de gestión ambiental, entre los cuales la obligación, para los proyectos de desarollo o explotación forestales de gran magnitud, de someterse, antes de su ejecución, al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA).

 

El Derecho Forestal reconoce cada vez más los múltiples intereses que intervienen en la ordenación forestal o que se ven afectados por ella, prestando cada vez mayor atención a las funciones sociales y ambientales de los recursos forestales y a su uso y ordenación sostenible, como también concediendo una importancia mayor a la participación de una amplia variedad de actores públicos y privados. (113)

 

4. Elementos de diagnóstico

 

Es de público conocimiento que la aplicación del D.L. N°701 ha permitido la sustitución por plantaciones, principalmente de pino insigne y eucalipto, en más de 200.000 has de bosque nativo, especialmente de sus renovales. Por otro lado, el floreo ha sido una de las prácticas destructivas que más ha influido en la pérdida de calidad de los bosques lo cual en muchos casos se ha constituido como la antesala de la sustitución. (48) 

 

                                  

 

Con toda evidencia en el rápido crecimiento del sector no se ha mantenido la armonía necesaria entre medio ambiente, producción y desarrollo social, y todavía no se está aprovechando todo el potencial que presenta el sector para contribuir al desarrollo nacional sustentable. Las principales críticas formuladas respecto a esa inadecuación se concentran en :

  El limitado cumplimiento de las funciones protectoras de los recursos naturales, especialmente control de la erosión, manejo de cuencas hidrográficas y protección de flora y fauna en los ecosistemas forestales. Se reconoce aquí la falta de un régimen de manejo de los recursos forestales que considere adecuadamente sus categorías geográficas esenciales (ecosistemas, tipos, sitios).

  Una concentración de la propiedad de la tierra, la producción y la tecnología en un reducido número de empresas favorecidas por políticas específicas del gobierno militar pasado (privatización, contrareforma agraria, subsidios a las plantaciones).

  El empobrecimiento de los “campesinos forestales” y “temporeños” que se asocia a un escaso desarrollo de artesanos, microempresarios y pequeños empresarios forestales, junto a situaciones críticas en la formación de recursos humanos. En esta última actividad se denuncia la existencia de situaciones irracionales relativas a la proporción de centros de formación de profesionales y de técnicos, así como la generación de situaciones de “sobreproducción” de ingenieros forestales con 11 escuelas universitarias funcionando en el país, más otras cuatro de Ingeniería en Madera e Industrias de la Madera.

  La expansión del sector casí exclusivamente en dos rubros exportables : celulosa y madera aserrada, sumándose ocasionalmente las astillas y recientemente la remanufactura.

  Deficiencias estructurales en aspectos jurídicos (ver detalle) e institucionales, especialmente sobre la capacidad y jerarquía de liderazgo sectorial dentro del aparato del Estado para representar adecuadamente los intereses del sector forestal en el ámbito del sistema de toma de decisiones de los organismos públicos. Hasta ahora, las instituciones forestales del Estado no han alcanzado la jerarquía institucional como organismo público y como “interlocutor válido” en el concierto de las demás instituciones forestales del país. Existe la Ley N°18.348 de 1984 que crea la Corporación Nacional Forestal y de Protección de los Recursos Naturales Forestales pero aún no entra en vigencia.

  La inseguridad de las condiciones laborales, la precariedad del empleo y la mezquindad del salario, que califican al sector entre los peores dentro de las actividades productivas del país.

  Un insuficiente respeto de la legislación forestal y la falta de participación y compromiso de un importante sector de propietarios de terrenos forestales en materias de protección forestal, especialmente en lo que dice relación con los incendios forestales. (68), (125)

 

 

5. De árboles y de aves

 

No obstante la importancia del sector forestal, el impacto de la actividad forestal sobre la composición, estructura y funcionamiento de las comunidades de fauna, y particularmente de aves, ha sido escasamente evaluado en el país.

Sin lugar a dudas la sustitución de la vegetación natural por plantaciones forestales modifica notablemente la calidad del hábitat para las aves. Esta alteración, expresada por una importante simplificación de la estructura y composición del bosque genera en la mayoría de los casos una reducción de la riqueza de la avifauna, consecuencia directa de la reducción de la diversidad de recursos tróficos y de un aumento en la variabilidad estacional de la oferta de alimentos. Este efecto se expresa a través de una modificación de las condiciones físicas y biológicas del hábitat representados principalmente por la estructura vertical y horizontal del follaje y por su composición florística.

En el entendido que el uso de los bosques necesariamente implica una alteración de sus condiciones naturales, las comunidades de aves que habitan siempre se ven amenazadas por las actividades de explotación.

Si no es posible llevar a cabo un manejo de tipo extractivo sin modificar en algún grado las características del hábitat, la conservación de las comunidades de aves (definidas como conjuntos de distintas especies interrelacionadas) solo puede efectuarse en zonas no intervenidas, como Parques Nacionales o Monumentos Naturales. Sin embargo, mediante un manejo adecuado, se considera que los bosques productivos (en particular los bosques nativos) podrían contribuir de forma importante a la conservación de especies o grupos de especies, volviéndose complementarios al Sistema Nacional de Areas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), ofreciendo áreas de alimentación y descanso para especies migratorias, extendiendo áreas de caza para grandes predadores, o favoreciendo el desarrollo de especies con problemas de conservación. (91)

 

 

6. Conclusiones

 

Todos estos aspectos componen una trama de restricciones a la contribución sectorial al desarrollo nacional sostenible, que al no superarse, constituyen un impedimento real para mantener y mejorar el ritmo de desarrollo sectorial.

Por un lado, se observa que el sector forestal chileno adolece gravemente de una desarticulación interna entre sus diversas actividades, que se ha venido manifestando claramente en desajustes históricos entre oferta y demanda de materia prima de plantaciones. Esta desarticulación se registra igualmente en las relaciones con los demás sectores económicos.

El carácter transnacional, monopsónico y altamente tecnificado del sector, se manifiesta en una suerte de enclave económico en las estructuras productivas de su entorno territorial, reflejando mayor afinidad con polos externos del negocio forestal que con el desarrollo comunal o regional. El segmento opuesto, está conformado por decenas de miles de campesinos, medianos propietarios (o agricultores tradicionales) artesanos y microempresarios de la madera, los cuales hasta ahora, sólo logran beneficiarse muy marginalmente con las políticas sectoriales de fomento, en comparación con el sector moderno. El recurso humano, el capital de trabajo y las tierras forestales disponibles, ubicados en el “segmento postergado” del sector, representan un potencial productivo considerable que es desaprovechado por la economía sectorial.

Por otro lado, se desaprovecha una enorme proporción del potencial forestal, alcanzando las tierras clasificadas como forestales unos 34 millones de hectáreas, cuando los bosques dentro de ellas cubren solamente 15,6 millones de hectáreas. Descontando 3,9 millones de hectáreas del SNASPE, se observa que quedan 11,7 millones de hectáreas de bosque para manejar, y unas 18,4 millones de hectáreas de tierras forestales a incorporarse al régimen forestal. (68)

 

                       

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