Autor: Stephane Pauquet


 
 
 

A) Historia de la creación de áreas protegidas en Argentina 

1.  Evolución histórica de los Parques Nacionales y de las áreas protegidas de jurisdicción provincial 

2.  Objetivos de conservación

3.  Dominio, jurisdicción y administración de las áreas protegidas

4.  Categorías de manejo

5.  Planificación y usos permitidos en las áreas protegidas

6.  Funciones y atribuciones de los guardaparques

7.  Areas del Sistema 

 

B) Diagnóstico del Sistema Nacional de Areas Protegidas

1. Representatividad

    1.1.   Analisis por eco-región        

    1.2.   Evaluación de la cobertura del Sistema

1.2.1.    Cobertura global  

1.2.2.    Cobertura de protección estricta 

1.2.3.    Grado de control según jurisdicción por categoría de manejo

    1.3.   Análisis por categoría de manejo

2. Omisiones mayores en el Sistema

3. Amenazas institucionales 

4. Falta de integración de los sistemas de áreas protegidas en el marco de los planes de desarrollo económico 

5. Conclusión del diagnóstico y recomendaciones

 

 


 

 

A) Historia de la creación de áreas protegidas en Argentina 

 

1. Evolución histórica de los Parques Nacionales y de las áreas protegidas de jurisdicción provincial 

 

 

 

El primero área natural protegida en Argentina surgió en 1903, cuando el Dr. Francisco P. Moreno donó tierras patagónicas al Estado para que fueran conservadas como parque público natural. En esos terrenos se creó en 1922 el " Parque del sur ", sobre el cual se constituyó en 1934 el actual Parque Nacional Nahuel Huapi. Simultáneamente se creó en Misiones el Parque Nacional Iguazú (120). En el mismo año le sigue a esta iniciativa otra importante, que fue la creación de la Administración de Parques Nacionales (APN), organismo administrador a nivel nacional. (84)

Mediante iniciativas aisladas y espontáneas de muchos organismos provinciales, municipales y privados se crearon unidades de conservación bajo jurisdicción provincial, lo que condució a un importante crecimiento en el número de áreas protegidas. Aunque las primeras áreas protegidas de administración provincial datan de la década del 30, tuvieron que esperar los años 70 para conocer un incremento significativo, cuando esas unidades empezaron a expandirse con un ritmo vertiginoso (415.000 has por año entre 1970 y 1991), llegando hoy día a representar el 78 % de toda la superficie protegida del país. (11)

No obstante lo importante de este fenómeno, el mismo se desarrolló sin ningún tipo de dirección, coordinación ni valoración a nivel nacional. (120)

En la actualidad el Sistema Nacional de Areas Protegidas cuenta con 32 unidades, las cuales abarcan una superficie de 3.581.000 has.

 

 

Para tener una mejor idea de su importancia relativa, vale la pena apuntar que este valor supera el territorio de la Provincia de Misiones, pero representa apenas el 1,25 % de la superficie del país. Además forman parte de esta red tres especies amenazadas que fueron declaradas Monumentos Naturales : la Ballena Franca Austral, que llega al territorio marino argentino para reproducirse ; el huemul, un ciervo exclusivo de los bosques andino-patagónicos de la Argentina y Chile ; y la taruca, o “venado” según la denominación regional de este cérvido de los pastizales serranos del noroeste. (14)

Desde hace una década existe, como mecanismo de coordinación e intercambio técnico, la Red Nacional de Cooperación Técnica en Areas Protegidas. La falta de una figura legal que la institucionalice debilitó, en la práctica, al órgano coordinador. En la actualidad se considera que la institucionalización de un Sistema Nacional de Areas Naturales Protegidas (SNAP) es una prioridad nacional. El Sistema deberá integrar a todas las áreas protegidas de jurisdicción federal o provincial y de dominio público, comunitario o privado. La APN tendrá un papel primordial y vertebrador a partir de su propia experiencia, aportando un modelo indicativo para los subsistemas provinciales de áreas protegidas. (235)

 

Historia detallada de la creación del SNAP

 

 

2. Objetivos de conservación

 

a)  Conservar muestras representativas de las unidades bio-geográficas (terrestres y acuáticas, marinas y continentales) existentes en todo el país.

b)  Proteger áreas singulares, consideradas como tales por poseer :

 

   ecosistemas únicos ;

   procesos naturales, comunidades o especies amenazadas ;

   rasgos paisajísticos sobresalientes ;

  valores antropológicos, arqueológicos, paleontológicos y/o culturales ;

   altas cuencas ;

   hábitats de reproducción y alimentación de especies autóctonas y en especial especies migratorias.

c)  Mantener todos los reservorios genéticos como elementos de las comunidades naturales y evitar la pérdida de especies de plantas y animales autóctonos.

d)  Brindar ámbitos para hacer investigaciones científicas, en especial aquellas orientadas a los requerimientos del desarrollo regional.

e)  Proveer oportunidades para la convivencia armónica del hombre con la naturaleza.

f)  Proporcionar oportunidades para la educación ambiental y recreación de la población.

g)  Contribuir a la discusión y elaboración de políticas y estrategias de conservación para el conjunto del patrimonio natural de la Nación. (120)

 

 

3. Dominio, jurisdicción y administración de areas protegidas

 

Las áreas bajo régimen de protección son muy heterogéneas, en cuanto a la jurisdicción a que pertenecen, el dominio de las tierras, su respaldo legal y administración.

Por ser la Argentina una nación federal, las provincias son autónomas, es decir que sus respectivos gobiernos ejercen su autoridad dentro del territorio de cada provincia, el que representa así la jurisdicción de ese gobierno. Según la Constitución Argentina, las Provincias tienen por lo tanto soberanía propia sobre los recursos naturales de sus respectivos territorios, con lo cual la declaración y posterior administración de áreas protegidas dentro de sus límites es decisión de cada gobierno provincial. Esto, salvo los casos de áreas que pertenecen a la jurisdicción de la Nación, puede tener dos orígenes legales diferentes :

 

a)  el caso de tierras localizadas en los antiguos Territorios Nacionales, que el Gobierno de la Nación retuvo expresamente bajo su jurisdicción, al momento de la creación de las nuevas provincias, hacia fines de los años 50 (Chaco, Formosa, Misiones y las provincias patagónicas) : esto es el caso de los Parques Nacionales (de ahí la denominación de tales) más antiguos, ubicados en esas provincias ;

b)  que las provincias cedan a la Nación su jurisdicción sobre cierta porción de su territorio, por ley provincial, como ocurrió y sigue ocurriendo con los Parques Nacionales creados con posterioridad, procedimiento hoy vigente por Ley N°22.351.

 

Las áreas protegidas restantes, que no han tenido este trámite, son de jurisdicción provincial, aunque pueden no ser administradas por los órganos de gobierno provinciales : es el caso de reservas universitarias, municipales, privadas, etc., así caracterizadas según el correspondiente ente administrador. Estos administran áreas generalmente de su propiedad (dominio), pero sujetos al régimen legal vigente de la jurisdicción a que pertenece el predio en cuestión, por ubicación geográfica, aún cuando puede tratarse de organismos nacionales, como es el INTA o el CONICET.

Finalmente, el dominio de una porción de tierras es la propiedad de la misma, al margen de la jurisdicción y la administración a que está sometida. Las áreas protegidas pueden ser de dominio estatal (nacional o provincial) o particular. En el caso de un Parque Nacional, el dominio se superpone con la jurisdicción y la administración del Estado Nacional, como única autoridad, lo cual representa la mayor jerarquía y rigor de protección. Un área protegida puede ser de dominio privado o tener propiedades privadas en su interior, como ocurre en las Reservas Nacionales o en reservas provinciales de diversa categoría, lo que limita, aunque no impide la vigencia y aplicación de normas de conservación.

Actualmente, se valora y promueve la conservación de la naturaleza en manos de propietarios privados, como ocurre con las reservas privadas, como importante complemento de la conservación bajo dominio y administración del Estado, sin pretender que lo suplante en esa misión. (11)

 

 

4. Categorías de manejo

5. Planificación y usos

6. Funciones y atribuciones de los guardaparques

7. Areas del Sistema

 

 


 

 

B) Diagnóstico del Sistema Nacional de Areas Protegidas

 

1. Representatividad

 

En el continente, la Argentina se encuentra entre los países que poseen menor porcentaje de su superficie destinada a áreas protegidas, situación que se agrava si se considera que 70 % de las áreas protegidas evidencia algún grado de deterioro ambiental, cerca de 50 % de las mismas carece de personal de vigilancia y aproximadamente el 60 % posee superficies inferiores a 100.000 has.

 

1.1.   Analisis por ecoregión         

 

Estado de conservación de las diferentes ecoregiones

 

Areas protegidas por ecoregión, según su grado de implementación

 

 

 

 

 

Los Bosques Andinos-Patagónicos se encuentran sobrerepresentados, ya que 32,6 % de su superficie pertenece a áreas naturales protegidas de gran extensión, mayores a 100.000 has. En ellas los recursos naturales manifiestan un grado de deterioro bajo y un acceptable manejo y control.

La Puna se encuentra sobrerepresentada con casi 20 % de su superficie protegida, pero con un número bajo de unidades (5). Esta zona de vida incluye el área natural protegida de mayor superficie del sistema, con 1,4 millones de hectáreas. El estado de conservación es bueno, pero el manejo y el control son deficientes.

La Selva Paranaense también se encuentra medianamente representada, con 17 % de su superficie protegida, en unidades de conservación de superficies muy variables (entre 100 y 100.000 has) y de creación reciente. En el Parque Nacional Iguazú el control y manejo son eficientes.

La zona de los Altos Andes posee también una mediana representatividad (15,9 %). Las áreas de esta zona de vida no tienen un desarrollo importante, ya que son escasas las acciones de manejo y control. En relación con otras zonas de vida esta situación aparece atenuada dada la autoprotección que se genera por la falta de accesibilidad y el aislamiento en que se encuentran, sobre todo durante el período invernal.

 

 

Las zonas de vida restantes se encuentran subrepresentadas, destacándose en este sentido el Espinal y la Pampa, que poseen ambos menos de 1 % de su superficie bajo algún regímen de conservación.

 

En el caso de la Estepa Patagónica la situación se ha mejorado en los recientes años, aunque la superficie protegida todavía no alcanza el 5 %. De esta zona de vida, las actuales áreas de conservación incluyen pocas otras formaciones ecológicas que las estríctamente costeras. Ellas fueron creadas para proteger la fauna costera marina considerando que la mayor parte del litoral Atlántico del país está comprendido en esta zona.

Aparte del recién creado Parque Nacional Copo, la mayoría de las unidades del Chaco son de escasa superficie (menores de 10.000 has), totalizando apenas un 5 % de esta ecoregión de intensa actividad productiva y de las más afectadas del país por el avance de la frontera agropecuaria. Sus bosques poseen un deterioro importante dada la intensa explotación a la que estuvieron sometidos en forma sostenida para la extracción de tanino y durmientes de ferrocarril.

Solo 3,4 % de la superficie del Monte está bajo protección, distribuida en más de 20 unidades de conservación con un amplio rango de superficie. Existe alto deterioro ambiental anterior a la creación de las áreas protegidas, pero el déficit más importante lo representa el escaso desarrollo de las mismas.

En el caso de la selva de las Yungas, a pesar de contar con varias áreas de conservación esta zona de vida se encuentra subrepresentada dado que se trata de una selva montana con varios estratos de los cuales algunos están insuficentemente representados ; posee sólo 5,1 % de su superficie protegida. El control y vigilancia son escasos, situación que se agudiza debido a la falta de caminos de acceso y comunicaciones.

La Pampa posee el mayor número de áreas protegidas (30), sin embargo su superficie protegida es escasa (0,30 %). Es la zona de vida que presenta el mayor grado de modificación ya que concentra la mayor producción agrícola-ganadera del país. A pesar del número de áreas, no está asegurada la protección de los ecosistemas residuales, dado que en su mayoría no se ha estipulado un manejo y control de los mismos.

 

Estas situaciones diferenciadas que se observan en las áreas naturales protegidas en las distintas zonas de vida, son fruto del proceso de creación de las mismas. Dicho proceso no ha surgido de una estrategia de conservación global, premeditada, en el nivel nacional, sino que la creación de las áreas obedece, en su mayoría, a iniciativas locales, circunstanciales y dispersas.

 

1.2 Evaluación de la cobertura del Sistema

 

1.2.1. Cobertura global  

 

Como se puede observar :

 

   Las regiones precariamente cubiertas representan el 66 % del territorio nacional, es decir dos terceras partes del país son fuertemente carentes de representación en áreas protegidas ;

   La situación de máxima cobertura protegida que ofrece la región de los Bosques Andinos-Patagónicos se explica – y justifica – por el hecho de que en ellos la protección cubre otros objetivos de conservación adicionales, aparte del de “conservar muestras representativas de las regiones biogeográficas” del país : principalmente, proteger altas cuencas y recursos escénicos excepcionales ;

   Las regiones naturales que están en la situación más crítica (con porcentajes de cobertura menores del 1 %), son las que integran la gran Llanura Chaco-Pampeana, donde la conservación de áreas silvestres compite en mayor medida con objetivos agropecuarios. En concreto, regiones como las de la Pampa, el Espinal, el Chaco Arido y Delta e Islas del Paraná tendrán que ser priorizados en políticas regionales de creación de áreas protegidas, aún mediante convenios e incentivos que promuevan las reservas privadas, allí donde no hay tierras fiscales.

   Vale destacar que regiones como las de la Selva Paranaense, que posee una cobertura satisfactoria a nivel nacional en la Argentina (más del 15 % de áreas protegidas y más del 5 % en categorías de protección relativamente más estricta), si bien está en situación intermedia, debería cumplir en particular con una exigencia de mayor cobertura, en primer lugar por tratarse de ecosistemas de mayor diversidad que los de fisionomías herbáceas y/o de climas templados ; en segundo lugar, porque son regiones serranas u onduladas, en las cuales el objetivo de protección de altas cuencas requiere mayor proporción de cobertura vegetal en buen estado, que el de conservación de la biodiversidad, y en tercer lugar considerando su estado a nivel continental, ya que en los países que comprenden la mayor parte de su extensión original (Brasil y Paraguay) su superficie protegida es muy inferior a la de la Argentina. (13)

 

1.2.2. Cobertura de protección estricta

 

1.2.3. Grado de control según jurisdicción por categorías de manejo

 

 

1.3. Análisis por categoría de manejo 

Las categorías más utilizadas, cuando existe decisión en cuanto a particularizar los objetivos de creación de un área protegida, son las categorías I (Reserva Natural Estricta), II (Parque N.), IV (Santuario) y VIII (Res. de Uso Múltiple). La categoría VI (Res. de Recursos) está relativamente engrosada, en buena medida por el hecho de que en ella se clasifican muchas áreas protegidas cuyos objetivos de conservación no fueron definidos al momento de su creación, ni tampoco posteriormente. O sea, son en general “reservas naturales” creadas sin mandato legal explícito, el cual implícitamente se reduce al de “no innovar”.

Analizando el peso relativo de las categorías entre sí, se puede comprobar que las categorías V (Paisaje Protegido) y VII (Reservas Natural-Cuturales), ambas ligadas a la integración de las expresiones de la cultura humana al medio natural, no han sido hasta ahora opciones de conservación reconocidas, posiblemente por falta de conocimiento en los ámbitos de decisión oficiales. (11)

 

Una evaluación dinámica de la evolución de la representatividad de las áreas naturales protegidas muestra que en los ultimos años, el número de ecoregiones  de cobertura precaria disminuyó, mientras que el de cobertura satisfactoria aumentó.

Por su parte, el nivel de protección efectiva de las áreas protegidas del país es desigual. En la actualidad, la situación más desfavorable se manifiesta en el ámbito de las áreas protegidas de administración provincial, con 62,70 % de la superficie supuestamente protegida en condiciones de control casí nulo y, del resto, una gran proporción con control insuficiente. Resulta de esto que menos del 5 % de la superficie protegida bajo administraciones provinciales puede considerarse con un grado de control acceptable. Las reservas privadas están en una situación un poco mejor, pero con la limitación de que su condición de área protegida está en gran medida sujeta a la voluntad de su propietario. Considerando únicamente las áreas protegidas dependientes de la APN los valores porcentuales para los grados nulo, insuficiente y aceptable son el 2, 17, 81 % respectivamente. (235)

 

Lamentablemente esta crítica situación se explica por el acelerado ritmo de crecimiento de la superficie protegida (más de 600.000 has por año en la década del 80), en medio de un proceso de crisis y ajustes económicos. Así, la consolidación efectiva, en el terreno, de las jovenes áreas protegidas, mediante una necesaria inversión de recursos materiales y humanos, quedó en general muy rezagada. En este ámbito algunas provincias se destacan por la intensidad de sus esfuerzos y el alcance de sus logros.

En términos globales, se verifica que no más de una quinta parte de la superficie total de áreas protegidas de todo el país puede considerarse con un grado de control aceptable, y sólo la mitad, con un control mínimo. La mitad restante puede considerarse sin control de terreno alguno. (11)

 

    

2. Omisiones mayores en el Sistema

 

Entre las 14 ecoregiones  que caracterizan la diversidad ecológica del territorio nacional, unas 10 aún poseen una protección tan insuficiente, que se puede considerar no garantiza la conservación a perpetuidad de la biodiversidad que albergan.

A esa amplia omisión se debe agregar el agravante de que varias de esas ecoregiones están sometidas a un sostenido avance de la pérdida de hábitat por deforestación o conversión de tierras, por tener distinto grado de aptitud agropecuaria. Se trata ante todo de las ecoregiones  que pertenecen a la gran llanura Chaco-pampeana : el pastizal Pampeano, Espinal, Chaco húmedo y el Chaco seco, además de la Selva Paranaense.  

En este contexto, cabe señalar que el país posee un potencial de crecimiento de áreas protegidas relativamente alto que no se aprovecha aún cabalmente : los aspectos sobresalientes son una baja densidad demográfica (< 13 hab./km2) ; una proporción de población rural muy baja (13 %) ; una proporción muy alta de ambientes con cobertura vegetal natural por falta de aptitud agrícola (75 % del territorio), potencialmente fáciles de poner en condición de conservación no estricta, bajo uso controlado de recursos naturales ; una considerable extensión de tierras aún fiscales, en particular en ciertas ecoregiones marginales como el Chaco seco, etc.

 

Si aparte de ello, se considera que las áreas protegidas estrictas tienen un papel específico que ejercer dentro de la Conservación en su sentido amplio, sólo suplido en parte por la conservación no estricta (y sin siquiera sopesar aquí las dificultades reales que empeñan los esfuerzos por hacer compatible el uso de recursos naturales y la conservación de la biodiversidad), se debe concluir que estas aún deben incrementarse prácticamente en todas las ecoregiones del país (con la eventual excepción de los Bosques Andinos-Patagónicos). (13)

 

 

 

3. Amenazas institucionales 

 

Las principales amenazas de tipo institucional se relacionan con la falta de financiamiento adecuada para el sistema de áreas protegidas, sea proveniente de los presupuestos públicos, como de la debilidad para generar fondos propios, procedentes del uso público u otras fuentes. Una inadecuada difusión hacia la opinion pública y los decisores puede originar una insuficiencia presupuestaria crónica. Las consecuencias de esta situación se manifiestan generando incapacidad para mantener el personal e imposibilitando la inversión en capactitación permanente acorde a los cambios locales y globales. La imposibilidad de mantener la infraestructura física y de lograr un equipamiento mínimo operativo son también posibles derivaciones de ello.

Algunos Parques Nacionales sufren recurrentes amenazas de provincialización, es decir de ser transferidos a jurisdicción provincial, pese a tratarse de áreas naturales de la más alta calificación como patrimonio natural argentino. Además, esos Parques confrontan, en las provincias eventualmente destinarias de esa transferencia, opciones institucionales en extremo precarias y no dotadas de la mínima capacidad y estabilidad necesarias para hacerse cargo de los mismos. (13)

 

 

 

4. Falta de integración de los sistemas de áreas protegidas en el marco de los planes de desarrollo económico 

 

El contexto macroeconómico de la década pasada ha traído aparejado un notable incremento en la inversión, especialmente en áreas básicas de la economía, tales como minería, extracción y transporte de hidrocarburos, producción y transmissión de energía eléctrica, forestaciones, tecnificación de cultivos, etc., lo cual implica cambios acelerados en el uso del territorio. Lamentablemente, los planes de fomento de la inversión privada no integran expresamente la problemática de la biodiversidad en general, y de las áreas protegidas en particular. Generalmente, las reglamentaciones sectoriales se limitan a la exigencia de realizar Evaluaciones de Impacto Ambiental y, por lo general, no cuentan con instancias de auditoria que sean técnicamente sólidas y transparentes.

Dentro de este marco general, sin embargo, las áreas protegidas son objeto de consideración en algunos planes sectoriales o provinciales. Por ejemplo, la provincia de Misiones, de tradición eminentemente forestal, ha elaborado planificaciones preliminares del uso del territorio, en las que las áreas protegidas de diversas categorías juegan un rol importante. De modo similar, la provincia de Chubut ha incluido en sus planes de desarrollo turístico a las áreas protegidas, dada la relevancia nacional e internacional de los atractivos de la costa patagónica. (13)

  

 

5. Conlusión del diagnóstico y recomendaciones

 

 

 

Areas protegidas según categoría estricta o no
Areas protegidas por ecoregión
Nuevas áreas protegidas (inglés)

 

 


 

Enlace de interés :

 

Las áreas protegidas de la Argentina (Informe Nacional al 1° Congreso Latinoamericano de Parques Nacionales y Otras Areas Protegidas, Santa Marta, Colombia, 1997)